Ya casi lo tiene
Parece que fue ayer cuando la obligaba a dormir en pleno verano con la ventana del cuarto cerrada, debido a una insuperable aversión a las cucarachas que padecí durante un buen tiempo, y que me sobrevino el día que me desperté en mitad de la noche a causa del afanoso husmear sobre mi cara de uno de estos insectos.
No me resulta tampoco lejano -aunque verdaderamente lo sea- aquel día en el que, desobedeciendo los repetidos consejos de nuestra madre, siguió correteando arriba y abajo por el pasillo de casa sin abrocharse las pequeñas hebillas de sus zapatos, mostrando a la vez esa típica insolencia infantil hacia las exhortaciones de los mayores, mezcla de pícara subversión e inocente autoafirmación. El resultado de tal actuación no fue otro que el insistentemente anunciado por nuestra madre: trastabilleo, caída y golpe directo y seco de la barbilla contra el suelo. Las escenas posteriores fueron dantescas, o por lo menos así las percibí yo, que por entonces no llegaría a los siete años.
Pues bien, ha pasado el tiempo y esa niña creció (como no podía ser de otro modo), terminó sus estudios en España (espero que nadie me llame fascista por usar esta palabra; así le sucedió a un conocido delante de mis ojos), y se marchó fuera en busca del doctorado y de la experiencia que ello le reportaría. Éstas son fotografías tomadas por ella de su laboratorio, del campus, y del partido Japón-Croacia del mundial de fútbol que no hace mucho terminó (todo no va a ser trabajo).
Son ya cinco años desde entonces y está a pocos días de obtener la recompensa por la que tantos años lleva trabajando. Sin embargo, en la vida, a veces, cuando dedicamos continuos y costosos esfuerzos con el fin de lograr un objetivo y estamos cercanos a él, cualquier contratiempo inesperado puede hacernos sentir que aquél está más lejos de lo que en realidad está. En estos momentos basta no dejarse distraer por esa engañosa percepción, sabiendo diferenciar lo importante de lo superfluo, aislando los problemas que no influyen directamente a tu labor, y obviándolos en la medida de lo posible mientras la realices.
Éste era uno de los motivos para escribir este post. Transmitir que siempre hay una manera más objetiva, y posiblemente más útil -aunque difícil evidentemente-, de ver y analizar la situación de uno mismo, de abstraerse de los propios problemas para afrontar nuestra tarea de manera serena, fría y efectiva.
El otro motivo de este post (puede que no sea objetivo, pero quién lo sería con una hermana como ésta) es expresar la profunda admiración que le profeso por todo el trabajo realizado y por como ha sabido sobreponerse a las circunstancias adversas siempre que aparecían; pero sobre todo por la capacidad de trabajo, la determinación, y la constancia que en todo momento ha mantenido, y que no tengo duda de que mantendrá en estos metros finales de la carrera (nunca más adecuada la metáfora).
¡Vamos, que ya casi lo tienes!
No me resulta tampoco lejano -aunque verdaderamente lo sea- aquel día en el que, desobedeciendo los repetidos consejos de nuestra madre, siguió correteando arriba y abajo por el pasillo de casa sin abrocharse las pequeñas hebillas de sus zapatos, mostrando a la vez esa típica insolencia infantil hacia las exhortaciones de los mayores, mezcla de pícara subversión e inocente autoafirmación. El resultado de tal actuación no fue otro que el insistentemente anunciado por nuestra madre: trastabilleo, caída y golpe directo y seco de la barbilla contra el suelo. Las escenas posteriores fueron dantescas, o por lo menos así las percibí yo, que por entonces no llegaría a los siete años.
Pues bien, ha pasado el tiempo y esa niña creció (como no podía ser de otro modo), terminó sus estudios en España (espero que nadie me llame fascista por usar esta palabra; así le sucedió a un conocido delante de mis ojos), y se marchó fuera en busca del doctorado y de la experiencia que ello le reportaría. Éstas son fotografías tomadas por ella de su laboratorio, del campus, y del partido Japón-Croacia del mundial de fútbol que no hace mucho terminó (todo no va a ser trabajo).
Son ya cinco años desde entonces y está a pocos días de obtener la recompensa por la que tantos años lleva trabajando. Sin embargo, en la vida, a veces, cuando dedicamos continuos y costosos esfuerzos con el fin de lograr un objetivo y estamos cercanos a él, cualquier contratiempo inesperado puede hacernos sentir que aquél está más lejos de lo que en realidad está. En estos momentos basta no dejarse distraer por esa engañosa percepción, sabiendo diferenciar lo importante de lo superfluo, aislando los problemas que no influyen directamente a tu labor, y obviándolos en la medida de lo posible mientras la realices.
Éste era uno de los motivos para escribir este post. Transmitir que siempre hay una manera más objetiva, y posiblemente más útil -aunque difícil evidentemente-, de ver y analizar la situación de uno mismo, de abstraerse de los propios problemas para afrontar nuestra tarea de manera serena, fría y efectiva.
El otro motivo de este post (puede que no sea objetivo, pero quién lo sería con una hermana como ésta) es expresar la profunda admiración que le profeso por todo el trabajo realizado y por como ha sabido sobreponerse a las circunstancias adversas siempre que aparecían; pero sobre todo por la capacidad de trabajo, la determinación, y la constancia que en todo momento ha mantenido, y que no tengo duda de que mantendrá en estos metros finales de la carrera (nunca más adecuada la metáfora).
¡Vamos, que ya casi lo tienes!